El precio de definir mal los targets.

Esta tendencia socializadora de las personas nos hace ver claramente que nuestras ofertas al mercado como emisores de mensajes tienen que tener entre sus objetivos la adecuación a estas variaciones del entorno cultural en el que nos movemos. Es nuestra obligación y nuestro reto el enlazar con los aspectos económicos, tecnológicos, sociológicos, legales y puramente culturales de nuestro cliente potencial.

Si descendemos a los fragmentos que forman esta sociedad general que supone nuestro medio ambiente de trabajo, encontraremos todo tipo de variaciones y actitudes. Estamos acercándonos a nuestro cliente potencial real.

Pero estos fragmentos, pegados más o menos bien con una especie de pegamento social como veíamos, son muy distintos entre sí.

Es claro que entre los consumidores de un país hay enormes diferencias de edades, ingresos, niveles de educación, gustos, estéticas y por supuesto, preferencias o intereses particulares.

Aunque puede haber ciertos productos o servicios dirigidos a todos ellos, no es parecido, respecto a una gran mayoría de productos, el comportamiento de un consumidor joven de menos de 25 años que el de una persona por encima de los 65, y ni siquiera se interesan por las mismas cosas un analista financiero de una gran empresa que un electricista.

Esto hace que las campañas de publicidad y las de marketing directo en muchas ocasiones, se dirijan a personas muy concretas con un determinado perfil, que se invierta tiempo y dinero en realizar costosos análisis de mercado para definir cual será el público objetivo al que torpedear con nuestros mensajes.

Suele definirse un grupo de consumidores medios o tipos a los que se estudia para intentar prever su comportamiento y de los que se les parecen, ante nuestra oferta, realizando encuestas, mediante dinámicas de grupo, o bien mediante el análisis de sus comportamientos en situaciones anteriores similares a la que se plantea. La estadística y las técnicas de investigación social aportan la base matemática y científica para obtener datos que nos orientarán sobre cómo llegar a nuestros clientes potenciales.

De manera más o menos compleja logramos llegar a estos consumidores y bombardearles con nuestra información, pero aquí es donde vemos que muchísimas veces se ha hecho un esfuerzo no recompensado, se ha planteado de modo equivocado. Otras veces, utilizando este esquema clásico de comunicación, publicidad, promociones y marketing, llegamos a provocar un efecto global de aceptación social de nuestro mensaje, e incluso del producto o servicio en sí. El problema es que resulta caro casi siempre. Aceptable si se ha tenido éxito y se ha generado el efecto deseado, y desde luego, muy caro si no se tiene un éxito razonable.

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Publicado en marketing, social

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